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Argentina y Australia tras un esperanzador acuerdo para combatir el más grave cáncer de piel

Por gestiones de ambas Embajadas, la investigadora argentina Marcela Barrio viajó en 2017 a  Australia para iniciar gestiones para un acuerdo científico con este país, el más afectado en el mundo por el melanoma, que allí representa el 80% de los cánceres que se diagnostican.
La Fundación SALES financió el viaje, coordinado por nuestra Cancillería a través del embajador argentino en Australia, Hugo Javier Gobbi. El embajador australiano en la Argentina, Noel Campbell, manifestó también su apoyo a la iniciativa.
Ambos países aportan trabajos científicos. La Argentina mostrará la vacuna terapéutica contra el melanoma, que desarrollaron investigadores dirigidos por el Dr. José Mordoh.

El ministro de Ciencia argentino, Lino Barañao, recibió al científico Dr. Mordoh, al Director de la Fundación SALES, Lic. Arturo Prins y al Vicejefe de Misión de la Embajada de Australia, Peter Rennert, para encuadrar esta iniciativa en el acuerdo de colaboración científica que firmaron ambos países en 2003. Nuestro Ministerio de Ciencia también apoyó con un subsidio la investigación de la vacuna.

Posteriormente viajó a Sidney la bióloga molecular Florencia Madorsky Rowdo, destacada científica del CONICET, seleccionada como becaria post-doctoral para trabajar durante seis meses en el Laboratorio que dirige el reconocido investigador australiano Peter Hersey, en el Centenary Institute of Cancer Medicine and Cell Biology, de la Universidad de Sidney. Tras regresar a Buenos Aires, sigue trabajando en la investigación.

La Fundación SALES financió el viaje de la becaria Madorsky, su estadía y parte de los gastos de investigación. El Laboratorio australiano aporta la estructura científica, equipos, su experiencia en el tema y los gastos de investigación.

La cooperación científica entre países es muy importante pues se ahorran recursos y se potencian las experiencias de quienes investigan con un mismo objetivo.

Coincidentemente la Argentina y Australia tuvieron tres Premios Nobel en ciencias médicas. En nuestro país fueron Bernardo Houssay (1947), Leloir (1970) y César Milstein (1984). En Australia, Frank Macfarlane Burnet (1960), Peter C. Doherty (1996) y Elizabeth Blackburn (2009).
Los tres Nobel australianos fueron premiados por sus aportes a la inmunología que tuvieron referencia a ciertos cánceres.

 

 

 

Investigan la inmunoterapia en el cáncer de mama triple negativo

Nuestros científicos buscan terapéuticas para dar esperanza a pacientes que no tienen una medicina en el cáncer de mama, que no activa las defensas como ocurre con el de piel. Observan que hay frenos que impiden actuar a nuestras defensas: se llaman checkpoints inmunológicos o puntos de control, por lo que los investigadores están desarrollando inhibidores para desactivarlos como frenos.

Entrevistamos a Mariana Salatino que investiga el cáncer de mama en el equipo que dirige Gabriel Rabinovich.

¿Hay distintos tipos de cáncer de mama?

Para simplificar podemos decir que hay tres tipos: uno está alimentado por las hormonas estrógeno y progesterona. El segundo tipo no está alimentado por hormonas, sino por la activación de la molécula ErbB2 y, finalmente el cáncer de mama triple negativo, así llamado pues no se alimenta de las dos hormonas ni del ErbB2.

¿Estos cánceres tienen una sola terapéutica o se los trata separadamente?

Todos los cánceres de mama se tratan con las terapias convencionales: quimioterapia y radioterapia. Sin embargo, según el tipo de cáncer, tienen una segunda línea de tratamiento muy efectivo. Por ejemplo, los cánceres de mama alimentados por las hormonas estrógeno y progesterona, se tratan con terapias anti-hormonales, como el Tamoxifeno que es un anti-estrógeno.

El cáncer fomentado por la molécula ErbB2, se medica con el anticuerpo monoclonal Trastuzumab.   El tumor triple negativo no tiene un tratamiento específico, sino la quimioterapia convencional.

¿La inmunoterapia podría servir para el triple negativo?

Sería muy bueno que pudiera servir. Debido a que al cáncer de mama triple negativo no se lo puede tratar con las terapias anti-hormonales o con Trastuzumab, podría ser tratado con las inmunoterapias que se están probando en el mundo, o sea con inhibidores de checkpoints inmunológicos, solos o combinados con las terapias convencionales.

En mi laboratorio investigaremos la utilización de las inmunoterapias para tratar el cáncer de mama metastásico y dar esperanza a los pacientes que hoy no tienen tratamiento.

¿Qué dificultades cree que deberá sortear?

Fundamentalmente, el hecho de que los tumores de mama no activan tanto y naturalmente al sistema inmune, como sí ocurre con el cáncer de piel. Pero estamos tratando de superar esta limitación.

septiembre, 2015

Descubrieron una proteína, la Galectina 1 que favorece el cáncer

El equipo que dirige el doctor Gabriel Rabinovich se especializa en inmunología, profundizando las razones por las que nuestras defensas tienen dificultades para atacar ciertos cánceres, hecho que no ocurre en otras enfermedades.

Rabinovich había descubierto la Galectina 1, que detenía la artritis reumatoidea en animalitos. El Dr. José Mordoh, también sostenido por la Fundación SALES, en sus cultivos de melanoma había observado una proteína parecida. Ambos científicos encontraron finalmente la presencia de Galectina 1 en melanoma, pero que en este caso no frenaba el desarrollo de la enfermedad (como en la artritis), sino que la favorecía. Efectivamente, las células cancerosas producían esa proteína para destruir a los linfocitos-T que nos defienden. El trabajo obtuvo el Premio Lucio Cherny 2000, que otorga la Sociedad Argentina de Investigación Clínica.

A continuación, Rabinovich diseñó una estrategia para destruir con terapias génicas la GAL-1. Lo logró y aquí se abrió un camino importante en la inmunología de varios cánceres (melanoma, próstata y otros). El trabajo fue publicado en la revista Cancer Cell, una de las más reconocidas del mundo en la especialidad, que lo destacó en su tapa, en marzo de 2004, lo que significó que el trabajo era el mejor de los exhibidos ese mes.

La proteína alimenta con vasos sanguíneos el cáncer de próstata

La proteína GAL-1 tiene un papel importante en el desarrollo del Cáncer de Próstata; por eso, el equipo de investigadores que conduce el Dr. Diego Laderach considera que es un blanco terapéutico fundamental para los estadios más avanzados de la enfermedad.

“Nuestro grupo – explica el Dr. Laderach – ha estudiado la acción de las Galectinas en el CaP, utilizando líneas celulares representativas de la enfermedad y una colección importante de muestras de pacientes sin tratamiento. Estos estudios han puesto de relieve la acción de varias Galectinas (las GAL-1, 3, 4, 8, 9 y 12). La GAL-1 es el miembro de la familia más abundantemente presente.

“Al respecto – agrega– demostramos que GAL-1 tiene un rol principal en la formación de vasos sanguíneos que permiten alimentar el CaP. Así observamos que este cáncer está altamente vascularizado y que el proceso de su evolución depende mucho de la función biológica que lo alimenta. Focalizar este punto tendrá alto impacto en la terapéutica que se desarrolle.

“También estamos estudiando cómo GAL-1 actúa para que el tumor tenga la capacidad de evadir la respuesta inmune de nuestro organismo y así producir metástasis. Ésta será otra clave para enfrentar los estadios más avanzados del CaP, que hoy son de difícil tratamiento.”

El CaP ya es el segundo en mortalidad en varones, en el país y en la mayoría de los países occidentales. Y es el primero detectado en varones adultos. Desplazó al cáncer de pulmón de este lugar.

En la próstata, cuando se genera un tumor de estadio muy avanzado, aun no hay una opción terapéutica, siendo muy necesaria ya que del 15 al 20% de los pacientes desarrollan metástasis de difícil tratamiento.

Por ello, el objetivo ahora es mejorar los test diagnósticos y contar con sistemas de detección más temprana del CaP, que permitan definir su evolución. Al mismo tiempo buscan comprender los mecanismos moleculares que puedan utilizarse en la terapia de los estadios avanzados. La proteína protege y alimenta el cáncer de mama, l melanoma (el más grave cáncer de piel), el sarcoma de Kaposi (tumor del tejido conectivo), el cáncer de próstata y el linfoma de Hodgkin

El investigador Diego Croci, premiado como uno de los mejores científicos de Latinoamérica menores de 40 años investiga desde hace 8 años para comprender los mecanismos que permiten a una célula tumoral escapar de nuestras defensas, es decir de nuestro sistema inmune.

Croci, biólogo y doctor en química biológica, dice: “Finalmente logré entender por qué esto ocurre en el melanoma y en el sarcoma de Kaposi (a menudo asociado con el SIDA). Aquí, como en otros cánceres, la GAL-1 tiene un rol importante. Observé que esta proteína se ocupa de formar vasos sanguíneos para mantener al tumor bien abastecido de nutrientes y oxígeno. El estudio lo realizamos en ratones de experimentación en el caso del melanoma y en células del sarcoma de Kaposi.

“Este proceso de creación de nuevos vasos sanguíneos se llama neovascularización. Gracias a él, los tumores reciben nutrientes y oxígeno para sobrevivir y crecen a niveles anormales. El sarcoma de Kaposi es un tumor que se encuentra altamente vascularizado, lo que nos ayudó a entender este proceso con precisión.”

Con los científicos norteamericanos se está desarrollando un anticuerpo monoclonal (mAb) para bloquear la acción de GAL-1 y evitar la vascularización y el escape del sistema inmune. El mAb fue aplicado exitosamente en experimentos con animales. Para utilizarlo en pacientes deberán ahora “humanizarlo”, a fin de que nuestro organismo no rechace al mAb por recibirlo como algo extraño. Los estudios avanzan con este importante objetivo.

Recordemos que el argentino César Milstein ganó el Premio Nobel de Medicina en 1984, por haber ideado los mAbs, también llamados la bala mágica o el misil anti-cáncer pues tienen la característica de reconocer selectivamente y destruir un blanco específico – en este caso la proteína GAL-1 – sin dañar al tejido sano.

Buscan tratar los estadios más avanzados de cáncer de próstata

En tanto, con referencia especial al cáncer de próstata, el equipo del Dr. Rabinovich decidió buscar tratamientos para los estadios más avanzados del CaP, por lo que formó un grupo científico con un par de investigadores repatriados y jóvenes en formación doctoral, que dirige el Dr. Diego Laderach, alentados y sostenidos por la Fundación SALES.

El objetivo es mejorar los test diagnósticos y contar con sistemas de detección del CaP más temprana, que permitan definir su evolución. Al mismo tiempo, buscan comprender los mecanismos moleculares que puedan utilizarse en la terapia de los estadios avanzados, que hoy no tienen opción terapéutica.

“Nuestro grupo – explica Laderach – ha demostrado que GAL-1 tiene un rol principal en la formación de vasos sanguíneos que permiten alimentar el CaP. Así observamos que este cáncer está altamente vascularizado y que el proceso de su evolución depende mucho de la función biológica que lo alimenta. Focalizar este punto tendrá alto impacto en la terapéutica que se desarrolle.

“También estamos estudiando cómo GAL-1 actúa para que el tumor tenga la capacidad de evadir la respuesta inmune de nuestro organismo y así producir metástasis. Ésta será otra clave para enfrentar los estadios más avanzados del CaP, que hoy son de difícil tratamiento.”

Los linfocitos B, las galectinas y el cáncer

Una científica del grupo que dirige el doctor Gabriel Rabinovich, la Dra. Marta Toscano, introdujo un tema inmunológico muy importante: qué función cumplen los linfocitos B en el cáncer de mama, ya que estas células habitualmente eliminan bacterias, parásitos y virus.

Hasta no hace mucho se creía que dichos linfocitos no tenían una función relevante en la inmunología del cáncer.

Estudios más recientes, iniciados en 2009, observaron que los linfocitos B podían tener un rol clave en la defensa antitumoral, pero que algo los detenía.

Fue así que la Dra. Toscano, con entusiasmo y vocación por la inmunología, junto a las científicas Lic. Verónica Martínez Alló y la Bioquímica María Belén Rodrigo, decidieron investigar qué estrategias utilizan los tumores para neutralizar la acción de los linfocitos B. Colabora con ellas la Dra. Mariana Salatino.

Nunca nadie había investigado antes la relación entre linfocitos B, galectinas y cáncer. Por ello el trabajo adquiere gran interés.

A partir de 2011, las científicas constataron que GAL-1 regula la funcionalidad de los linfocitos B, o sea que hay una importante relación entre ellos. Desde entonces estudian un triángulo de tres vértices: GAL-1 y cáncer / Linfocitos B y cáncer / Linfocitos B y GAL-1.

En la Argentina, casi 20.000 mujeres por año tienen cáncer de mama, 18% del total de los cánceres.

Microbios que estimulan el cáncer

En febrero de 2014 la prensa nacional e internacional anunció un avance científico contra el cáncer, protagonizado por científicos del CONICET, del equipo de Rabinovich, sostenidos por la Fundación SALES.

Un año después, el laboratorio de Rabinovich (Instituto de Biología y Medicina Experimental IByME) e investigadores del Instituto Wistar (Universidad de Filadelfia) publicaron un original descubrimiento en Cancer Cell, una de las revistas científicas más importantes del mundo. Los investigadores observaron que los microbios que habitan en nuestro intestino pueden favorecer el crecimiento de tumores, aunque los tumores estén fuera del intestino.

Sus autores, el Dr. Rabinovich y la Dra. Mariana Salatino, de la Argentina, y el Dr. José Conejo García, de los Estados Unidos, constataron el hecho en sarcomas y en cáncer de ovario.

Los seres humanos tenemos trillones de microbios (bacterias) en los tractos gastrointestinal y respiratorio, y en la piel. Su presencia es beneficiosa: proveen la primera línea de defensa contra ciertas infecciones y mantienen alerta la respuesta inmune.

Sin embargo, los mencionados investigadores descubrieron que ciertas interacciones entre las bacterias intestinales y el sistema inmune desencadenan eventos que favorecen la progresión de dichos tumores. También observaron que cuando aplicaban antibióticos para matar las bacterias del intestino, el crecimiento de esos tumores disminuía.

Los científicos argentinos aportaron su experiencia en inmunología del cáncer, en especial en lo que atañe a la proteína Galectina 1, descubierta por ellos. La presencia de esta proteína en los mencionados cánceres promueve el escape del tumor a las defensas y facilita el crecimiento tumoral.

Se estima que el trabajo argentino-norteamericano abrirá nuevas vías para combatir el cáncer, por lo que la revista Cancer Cell lo eligió como el mejor del mes, entre los publicados en enero de 2015.

Crean inhibidores de checkpoints que activan las defensas

Tradicionalmente el cáncer ha sido tratado con quimioterapia o radioterapia, principales opciones para atacar las células tumorales, además de la cirugía. Desde hace unos años las investigaciones avanzan hacia un nuevo enfoque: la inmunoterapia, estrategia que busca destruir al tumor a través de nuestro sistema inmunológico.

Desde el siglo XVIII la inmunología hizo grandes avances, especialmente con vacunas y otras medicinas que combaten eficazmente a las bacterias y virus. Pero ante el cáncer se pensaba que el sistema inmune, a pesar de reconocer a las células tumorales, no podía eliminarlas. Ahora se ha comenzado a ver que esto no es así, que nuestro sistema inmunológico puede ser capaz de reconocer, atacar y erradicar al tumor.

En nuestras investigaciones observamos que las células tumorales evaden el sistema inmunológico y sobreviven, para continuar creciendo y generando metástasis, dice Rabinovich.

Esta evasión o freno a la respuesta inmunológica – agrega – se logra, entre otros mecanismos, a través de los llamados checkpoints inmunológicos o puntos de control. Para comprender esto, imaginemos que el sistema inmunológico es un auto, con acelerador y frenos. El acelerador activa nuestras defensas, mientras el freno las detiene.

Para resolver esta situación – explica Rabinovich – los investigadores estamos creando inhibidores de checkpoints, que desactivan los frenos y permiten que el sistema inmunológico acelere y ataque al tumor a la máxima velocidad.

Recientemente se aprobaron en Estados Unidos y Europa varios inhibidores. Son anticuerpos monoclonales que se dirigen contra los checkpoints: el Ipilimumab, el Pembrolizumab o el Nivolumab que sirven para el tratamiento del melanoma metastásico y algunos tipos de cáncer de pulmón.

La efectividad de estas terapias se está probando en otros tumores. Así, el panorama es alentador. La inmunoterapia o terapia inmunológica fue considerada “el avance del año” en la prestigiosa revista Science de diciembre de 2013.

 

Las hormonas tiroideas y drogas sencillas para combatir el cáncer

Una científica de la Universidad Nacional de Córdoba que trabaja con el equipo de Rabinovich descubrió un rol de las hormonas tiroideas para combatir el cáncer. En febrero de 2015, Claudia Pellizas publicó un importante trabajo sobre el rol de las hormonas tiroideas en el cáncer, en la prestigiosa revista Cancer Research, de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer.

Como endocrinóloga, Pellizas estudia el sistema endócrino, o sea el conjunto de órganos, tejidos y células que fabrican hormonas. Es experta en hormonas tiroideas, que investiga desde hace más de 25 años.

¿Por qué se interesó en estas hormonas?

Luego de recibirme de Bioquímica, la actividad profesional no colmaba mis expectativas. Quería conocer más. Mi mentor, Aldo Coleoni (1938-2005), pionero en fisiopatología tiroidea en la década del 70, reconocido internacionalmente, me propuso realizar el doctorado en esa área. Fue mi primera pasión.

La segunda fue la endocrinología, en particular el estudio de la función tiroidea, blanco de la mayoría de las enfermedades que afectan a las hormonas en humanos. La interrelación función tiroidea-defensas fue mi tercera pasión.

Nuestro laboratorio se especializa en fisiopatología de la glándula tiroides. La fisiología estudia el funcionamiento normal de cualquier órgano o tejido; la patología, en cambio, ve la enfermedad. La fisiopatología trata así lo normal y la enfermedad.

¿Qué función cumple la glándula tiroides?

La tiroides es una glándula que rodea la tráquea a la altura del cuello. El bocio, muy conocido, refiere a su agrandamiento.

Como toda glándula, la tiroides fabrica hormonas, en este caso las hormonas tiroideas, que regulan prácticamente todas las funciones de nuestro organismo. De allí su importancia.

¿Entre las enfermedades de esta glándula está el cáncer de tiroides?

Así es. Este cáncer es la enfermedad maligna más frecuente en endocrinología, es decir que afecta a una glándula productora de hormonas. Existen diferentes tipos de cáncer de tiroides: algunos tienen buen pronóstico; otros son muy agresivos, responden poco al tratamiento y producen metástasis. Es un cáncer cuya frecuencia viene aumentando mundialmente.

¿Qué la llevó a investigar con Rabinovich?

Al querer estudiar como endocrinóloga la relación de dichas hormonas con nuestro sistema inmunológico, tema muy poco explorado, necesitaba la colaboración de un inmunólogo. Rabinovich lo era, y como nos conocíamos desde que éramos estudiantes en Córdoba, decidimos trabajar juntos.

Ya publicamos cuatro estudios en revistas de gran impacto: Faseb Journal (2008), Journal of Biological Chemistry (2010), Steroids (2012) y ahora Cancer Research.

¿En qué consistió el avance publicado por ustedes en Cancer Research?

Nuestro interés era estudiar cómo las hormonas tiroideas actuaban sobre nuestras defensas, para potenciar de manera específica su acción ante un cáncer. Elegimos hacerlo sobre el melanoma, el más grave cáncer de piel.

Observamos que en nuestro organismo tenemos antígenos, que son componentes de agresores externos como los virus, bacterias, parásitos o células tumorales. Contra ellos nuestro sistema inmunológico produce anticuerpos o glóbulos blancos llamados linfocitos T, que deben identificar al antígeno y destruirlo. Esta función de identificación y direccionamiento adecuado de los linfocitos, es ejercida principalmente por las llamadas células dendríticas, que circulan por la sangre y los tejidos patrullando para reconocer los antígenos peligrosos.

Un área totalmente desconocida era el efecto de las hormonas tiroideas sobre las células dendríticas. Comprobamos que la hormona tiroidea biológicamente activa, aumenta el tiempo de vida de las células dendríticas, mejora su migración a los ganglios linfáticos y acrecienta la capacidad de emitir respuestas contra los antígenos. Para combatir el cáncer, la radioterapia y la quimioterapia son las más utilizadas. Pero últimamente se ha profundizado la inmunoterapia, donde las vacunas con células dendríticas potencian la respuesta de nuestras defensas.

Nuestro trabajo – que estudia la interrelación entre los sistemas inmunológico y endócrino – impacta en favor de la inmunoterapia, al subrayar el rol de las hormonas tiroideas para incrementar la respuesta inmune en el cáncer.

Drogas sencillas y de bajo costo podrían mejorar nuestra inmunología contra el cáncer

En abril de 2014, Ada G. Blidner, doctora en ciencias biológicas y las investigadoras del Instituto Oncológico Angel H. Roffo, Elisa Bal de Kier Joffe y Slobodanka M. Klein, publicaron un original descubrimiento en una de las mejores revistas especializadas en inmunología: Journal of Immunology.

El descubrimiento aporta nuevos conocimientos para tratar el cáncer y otras enfermedades. Los científicos observaron que, por medio de drogas sencillas y de bajo costo, se puede mejorar o modificar la acción de una población de células del sistema inmunológico – las Células Mieloides Supresoras (CMS) – para que actúen contra el tumor.

Dra. Blidner ¿por qué su investigación se centró en las CMS? ¿cuál es su función en el sistema inmunológico?

Las CMS fueron descubiertas por distintos grupos a comienzos del año 2000. Científicos de Italia y Estados Unidos fueron los pioneros. Se encontraron las CMS por primera vez en pacientes con cáncer y luego en ratones.

Nuestro sistema inmunológico nos defiende de agentes extraños – virus, bacterias, parásitos – que provocan infecciones. Una vez erradicada la infección, nuestras defensas deben dejar de actuar, volver a su estado de reposo, pues si no generan inflamaciones que nos dañan. Las CMS ayudan a evitar estas inflamaciones. Pero ante un cáncer, las CMS impiden que las células tumorales sean erradicadas y favorecen el crecimiento del tumor.

Ante esta situación ¿qué descubrieron ustedes?

En modelos experimentales, es decir en ratones, vimos que ciertas drogas antiinflamatorias, sencillas y de bajo costo, como la Indometacina, pueden retrasar o inhibir el crecimiento tumoral. La Indometacina actúa sobre las CMS, haciendo que sean menos nocivas, que favorezcan una mejor respuesta antitumoral e inhiban el crecimiento del tumor.

¿Este hallazgo puede tener efecto en otras enfermedades?

Sí. Además de mejorar el tratamiento de los pacientes con cáncer, podría tener efecto en enfermedades autoinmunes, como la esclerosis múltiple o la artritis reumatoidea.

Las enfermedades autoinmunes son causadas por el sistema inmunológico cuando nuestras defensas no se apagan y siguen actuando, es decir atacando células del propio cuerpo y generando patologías que afectan el sistema nervioso, la sangre, la piel, etcétera.

La Fundación SALES asignó una beca a Ada G. Blidner y sostiene desde hace dos décadas las investigaciones de los jóvenes científicos que dirige Gabriel Rabinovich.

Científicos argentinos vislumbran una terapéutica personalizada

Cuando la Fundación SALES decidió apoyar al Dr. Gabriel Rabinovich, en 1999, becó a la vez a una joven científica, Natalia Rubinstein. La Fundación asignó otra beca a la Dra. Claudia Pellizas (Universidad Nacional de Córdoba) que acababa de publicar un trabajo sobre el rol de las hormonas   tiroideas en el cáncer, en una de las revistas científicas más importantes del mundo: Cancer Research.

Dra. Pellizas ¿qué es una hormona y cuál es su función?

Para que una hormona pueda actuar, necesita reconocer un objetivo, un blanco, en este caso una célula sobre la que actuará. Esto se asemeja a una llave con su cerradura. Cuando la hormona (llave) reconoce el lugar donde tiene que actuar (cerradura) “abre la puerta” y tiene efecto, actúa.

En nuestras investigaciones logramos demostrar que la hormona tiroidea actúa biológicamente sobre determinadas células – las células dendríticas – que combaten el cáncer: les aumenta el tiempo de vida, las mejora y les acrecienta su capacidad para combatir agentes extraños como los tumores. Nuestras investigaciones se concentran en las hormonas que produce la glándula tiroides.

¿Cómo actuarían estas hormonas en un paciente con cáncer?

Nuestros estudios apuntan a la llamada inmunoterapia, o sea a combatir el cáncer con nuestras defensas naturales. Se trataría así de lograr una vacuna con células dendríticas. La vacunación consistiría en extraer de la sangre del paciente sus propias células dendríticas, a las que se haría un tratamiento para que maximicen su capacidad de destruir al tumor. Se transformarían así en células dendríticas capacitadas que se reintroducirían en el mismo paciente.

Así, estos tratamientos inmunoterapéuticos serían personalizados, pues se trabajaría sobre las células dendríticas y el tumor de cada paciente.

Nuestro trabajo mereció reconocimiento internacional, al publicarse en Cancer Research, prestigiosa revista de la American Association for Cancer Research (AACR), lo que nos puso muy contentos.

 ¿La futura terapéutica contra el cáncer será entonces personalizada?

La terapia personalizada en tumores es bastante reciente y el nuestro es un buen ejemplo. Las células son del paciente y, una vez tratadas, se le vuelven a inyectar, mejoradas, capacitadas. Esto realza la eficiencia del tratamiento porque en inmunología hay que tener cuidado de no disparar alguna reacción desfavorable o exacerbada. El riesgo se minimizará con tratamientos de vacunación con células dendríticas.

 

 

 

 

 

 

 

La joven científica que emigró a Inglaterra y decidió volver, nos cuenta su pasión por investigar el cáncer y su objetivo de curarlo

 

Recibió el Premio al Mejor Investigador Joven de Europa, publicó en destacadas revistas y le ofrecieron buenos recursos para quedarse, pero prefirió “apostar” por la Argentina. Entrevistamos a María Romina Girotti, joven científica que emigró a Inglaterra y decidió regresar para integrarse al equipo que dirige Gabriel Rabinovich, con apoyo de la Fundación SALES y del CONICET. Ella acostumbra a trasladar los resultados de las investigaciones a los pacientes, objetivo que coincide con los trabajos de Rabinovich. María Romina nació en Bahía Blanca hace 34 años.

 

¿Por qué emigraste a Inglaterra y ahora decidiste volver?

Cuando terminé el doctorado en el Instituto Leloir de Buenos Aires, decidí irme a Inglaterra (2011) a uno de los centros más importantes de Europa: el Institute of Cancer Research (ICR). Quería investigar más cerca del paciente, con infraestructura y recursos económicos, con los cuales no contamos en nuestro país. Hice mi primer postdoctorado y descubrí los mecanismos de resistencia a las terapias convencionales en pacientes con melanoma, el más grave cáncer de piel. Investigaba directamente con muestras de pacientes e informaba a los médicos los resultados en tiempo real.

Mi segundo postdoctorado fue en el Cancer Research UK Manchester Institute, de la ciudad de Manchester, donde logramos dos nuevas medicinas para pacientes que resisten las terapias convencionales y para los cuales no hay opciones.

Mi experiencia fue excelente pues los trabajos se publicaron en las mejores revistas internacionales y obtuve premios importantes. Las nuevas drogas que generé están en un Ensayo clínico de Fase I en dos hospitales de Inglaterra.

El Instituto de Manchester me ofreció quedarme para establecer mi grupo, con un presupuesto de 4 millones de dólares y también tuve ofrecimientos de los Estados Unidos. Sin embargo, decidí apostar por mi país y volver a la Argentina.

Cuando falleció mi abuela Catalina, viajé por cuatro días a la Argentina. De repente tomé conciencia de las distancias que nos separan. Mi familia fue el principal apoyo y sostén de mi carrera. De ella aprendí el significado y el valor del esfuerzo y el sacrificio. Siempre estuvo a mi lado en cada paso y en cada logro.

 

¿Por qué elegiste investigar el cáncer?

Siempre me apasionó conocer su complejidad biológica, la falta de tratamientos, las resistencias a las terapias existentes y la necesidad de hacer diagnósticos más tempranos.

Como no había investigación en cáncer en Bahía Blanca, después de recibirme de bioquímica en 2004 en la Universidad Nacional del Sur (con el mejor promedio), fui a Buenos Aires al Instituto Leloir. Allí, durante mi doctorado, confirmé que lo que quería investigar eran las nuevas terapias. Elegir la ciencia y la excelencia fue siempre una meta en mi vida. Quiero aportar todo lo que pueda para encontrar una cura para el cáncer.

El cáncer me parece el desafío más grande, pues su incidencia aumenta año a año: se estima que en 10 años, una de cada dos personas desarrollará algún tipo de cáncer. Es necesario entender la enfermedad, diagnosticarla de forma temprana y desarrollar nuevas terapias.

 

¿Por qué investigarás en el laboratorio de Gabriel Rabinovich?

Conocí los trabajos de Gabriel cuando él colaboraba con científicos del Instituto Leloir. La calidad de sus investigaciones y publicaciones, me hicieron ver que ése era el lugar indicado para establecer mi grupo de investigación en la Argentina.

Él me dio todo el apoyo para investigar la inmunología del cáncer, trabajar con pacientes que no responden a las terapias convencionales y estudiar la resistencia a las inmunoterapias.

 

¿Cuál sería tu mayor objetivo científico?

Encontrar un tratamiento que controle el cáncer, investigar en mi país y no tener que volver a emigrar.

María Romina recibió el Premio al Mejor Investigador Joven de Europa 2015, por “haber proporcionado conocimientos cruciales sobre los mecanismos moleculares que subyacen a la resistencia a las terapias del melanoma”. El Premio lo otorga la European CanCer Organisation, que reúne a más de 60.000 científicos. La científica lo recibió en Viena y se lo entregó el presidente de la European Association for Medical Oncology, Dr. Rolf Stahel

(2017)

Hace más de 40 años la Fundación SALES sostiene a científicos en instituciones creadas por nuestros Premios Nóbel Bernardo Houssay y Luis F. Leloir

En 2006 el oncólogo español José Ramón Germá Lluch, decía que “por fin la mitad de la botella vacía es menor que la mitad llena: en países como EE.UU. o España, el 64% de los cánceres se cura.”

Y en 2009 el presidente de la American Society on Clinical Oncology, Richard Schilsky, informaba que “en EE.UU. el riesgo de morir por cáncer retrocede desde hace 15 años.”

Al celebrarse el cuadragésimo aniversario de nuestra creación informamos sobre el aporte de la Fundación SALES y los avances logrados en casi cuatro décadas:

Desde 1988 sostenemos las investigaciones del Dr. José Mordoh, discípulo del Premio Nobel Luis F. Leloir, en la Fundación Campomar, hoy Fundación Instituto Leloir. Mordoh y sus científicos están cercanos a lograr una vacuna terapéutica contra el melanoma, el más grave cáncer de piel, que no tiene medicina eficaz.

El cáncer de piel es común y el que más crece en el mundo, por lo que el aporte de nuestros científicos tendrá alcance mundial.

 

Desde 1996 dimos fondos a la Dra. Claudia Lanari, cercana a lograr una terapéutica para un tipo de cáncer de mama que carece de medicina eficaz. Ella investiga en el Instituto de Medicina y Biología Experimental (IBYME) que creó nuestro primer Premio Nobel en ciencias, Bernardo A. Houssay.

 

Desde 1999 sostenemos las investigaciones en inmunología del cáncer, que dirige también en el IBYME el Dr. Gabriel Rabinovich, cuyo laboratorio instalamos y equipamos. Sus trabajos tuvieron resonancia internacional pues descubrió la proteína Galectina 1, que favorece varios tumores pues les permite escapar de nuestras defensas.

Por la juventud del grupo evitamos que emigrara, ya que tuvo ofrecimientos de otros países. Por ello firmamos con el CONICET un acuerdo con la Universidad de Harvard, que se interesó en sus trabajos, y juntos colaboran ahora para combatir la Galectina 1.

 

Antes de iniciar nuestro apoyo a las mencionadas investigaciones, la Fundación SALES construyó un moderno Laboratorio al Premio Nobel Leloir – que trabajaba en una antigua escuela, luego hogar de ancianos – cuyas fotografías sorprendían por la precariedad y falta de recursos.

El día de su inauguración, en 1985, Leloir recordó los intentos fallidos para construirlo y dijo: “La colaboración de los miembros de la Fundación SALES fue determinante para el éxito del proyecto, pues lograron los recursos necesarios para concretarlo. Quiero destacar y agradecer su valiosa participación y la de sus donantes.”

El costo del Laboratorio fue de US$ 10 millones.

Más recientemente, en 2012, inauguramos la moderna Biblioteca Bernardo A. Houssay, en el IBYME – Obligado 2490, en Belgrano – donde investigó el Premio Nobel hasta su muerte. La construimos y equipamos con computadoras, sala de proyecciones y un ámbito que recuerda a Houssay con la biblioteca y el mobiliario que él utilizaba.

El costo de la Biblioteca fue de US$ 515.000.

Deseamos recordar la colaboración que tuvimos durante 22 años, de China Zorrilla, madrina de nuestras campañas. Ella convocaba con entusiasmo a los donantes, con mensajes y testimonios en los que solía decir: “Lo importante del apoyo es cuando todos podemos dar.”

Poco después de nuestro aniversario superamos los 100.000 donantes históricos individuales, que aportan pequeñas sumas mensuales.